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La Diferencia

Muchacha en la ventana

Muchacha en la ventana

Hay atracciones difíciles de explicar.

Un buen día, en uno de mis paseos solitarios por ciudades solitarias, sentí una de esas atracciones irresistibles e inexplicables. Fue al contemplar "Muchacha en la ventana" de Dalí. No sabía de su existencia, pero me ensimismó durante mi paseo por el Reina Sofía.

Puedo inventarme las causas. Que me dio una sensación de tranquilidad reconfortante al ver ese mar despertándose en las primeras horas. Que me atrajeron las curvas generosas de la muchacha misteriosa. Que el hecho de que esa chica estuviera de espaldas señalaba que me ocultaba el secreto del cuadro y eso me intrigaba sobremanera. Que el secreto quizá era lo que ella estaba observando por esa ventana y que quedaba fuera del encuadre que tenía yo de esa bahía. O a lo mejor era lo que imprimía reflejos dorados en su pelo.

Todas las causas que quiera inventarme llegarían a ser razonables. Pero nunca me convencerán. Lo que realmente ocurrió cuando vi ese cuadro, es que yo estaba físicamente en esa habitación. Yo formaba parte de la vida de esa muchacha en la ventana. Y después de disfrutar unos minutos de la brisa de sal y jabón, la cogería por sorpresa - ella aún no había notado que ya me había despertado - y le metería mano.

Enlacémonos todos

Enlacémonos todos

* Lo confieso. Soy un nuevo aspirante al Gran Hermano de las bitácoras: Blog Idol.
"Futuro Aspirante: Este correo es para indicarte que tu registro en Blog Idol ha sido merecedor a ser considerado como Aspirante para el concurso final."
Entérate de las reglas del concurso.

* Grumo nos sigue deleitando con sus apasionantes melodías.

* No soy imparable ni escritor, ni sé qué oscura identidad padezco..., por eso busco mis huellas.

* Chris Mars Publishing, página de engendros visuales como los de la imagen, me la indicaron sin comentarios.

* Escuchando a la dulce e ilimitada Aura me acordé de un rincón mágico donde el incomparable Benedetti recita sus propios poemas. Merece muchísimo la pena.

* The Mixer nos introducen en el mundo Xiao Xiao.

* Xdreus mira hacia la utopía.

* Una curiosa historia de probabilidades: Los Pelayos. Por Microsiervos.

* Por último, una reflexión extraída de 20 minutos, chivada por Escolar.net:

"Los psicólogos nos explican que la muerte es un ratito, no más, y que si a la humanidad nos angustia es porque dedicamos toda una vida, demasiado tiempo, a pensar en ella. Los fisiólogos, por su parte, aseguran que la muerte no es para tanto, que incluso una enorme descarga de adrenalina socorre nuestro cerebro en el momento final para que el tránsito sea feliz, como un gran premio a esta mierda de vida, en forma de gran chute de opiáceos que estallan en una cascada de fuegos neuronales. Por eso si he decidido no matar a mis enemigos, no es por miedo a la ley sino por no darles el gustazo."

Cántame sobre galaxias

Cántame sobre galaxias

Me atreví. Abrí el programa de música cuando me lo sugeriste. Volvió a sonar una canción por los pequeños altavoces. Una guitarra solitaria, una voz cascada y unas palabras con ganas de inmortalidad. La melodía hizo palanca en la aorta para reabrir mi corazón. Me pilló tan desprevenido que cedió. Creo que a mis ojos asomó un amago de llanto. Pero hace tanto que no entro en sensiblerías, que no estoy seguro de que esa visión acristalada quisieran ser lágrimas. Sólo sé que me sentí mejor.

No es un epitafio

No es un epitafio

Si mañana muero, nadie continuará mi bitácora. Nadie sabe mi contraseña.

No creo que nadie lo sienta, pero supongamos que hablo de una de esas bitácoras hiperpopulares con un público hiperfiel. Incluso hay quien entiende a algún bitacorero como a un amigo de verdad. Puede haber personas que sientan el cierre de una bitácora.

Quizá se debiera pensar en crear un sistema de testamentaría virtual, y que ante la inactividad de un blog, transmitiera los archivos y contraseñas del mismo al heredero virtual designado por el bitacorero desaparecido. El caso de los weblogs grupales salvan este obstáculo, manteniendo mejor el concepto vivo del proyecto.

En mi caso, la bitácora que perpetro es el proyecto más vivo que he emprendido. Cuando compongo canciones o cuando intento escribir lo-que-sea, no tengo esa sensación. Cada canción, por ejemplo, tiene su momento: se gesta, se perfecciona, se da por terminada, se toca y al final aburre o se entremezcla tanto con recuerdos que se melancoliza.

Sin embargo, la bitácora es dinámica, es real, es interactiva y tiene lectores de increible calidad, comprensión y paciencia. La tengo que escribir siempre que puedo, porque nos debemos la vida. Y si mañana muero, me gustaría que alguien se pregunte dónde anda el juglar y su diferencia. Sé que este sentimiento que ahora desprendo es una soledad extraña difícil de curar.

Hipócrita

Hipócrita

Se habla siempre de la hipocresía como de un rasgo que empobrece la persona. Muchos se enorgullecen "de decir todo a la cara". No sé. Me entran muchas dudas.

En casi todos los aspectos de mi vida soy un completo hipócrita, en algún momento concreto o todo el tiempo. En el trabajo, soy un tremendo hipócrita para que los clientes se sientan satisfechos con el trato que les brindo y para que mis jefes crean que estoy hipermotivado para producir (exigencias de la nueva economía: no solo hay que producir, sino además mostrar alegría de producción). A mi familia solo les enseño la parte de mi que pueden comprender y respetar dentro de su intolerancia generacional. A mi pareja solo intento mostrarle mi lado alegre y optimista. A los que no soporto, no me molesto en pararme a recitarles su inhumanidad. A vosotros solo quiero daros lo que me vista de diferente.

Soy un gran hipócrita. Y si siempre lo seré. Chim-póm.

Mera sugestión

Mera sugestión

"Mis amigos dicen que yo soy muy sugestionable. Creo que tienen razón. Como argumento, aducen un pequeño episodio que me ocurrió el jueves pasado.

Esa mañana yo estaba leyendo una novela de terror, y, aunque era pleno día, me sugestioné. La sugestión me infundió la idea de que en la cocina había un feroz asesino; y este feroz asesino, esgrimiendo un enorme puñal, aguardaba que yo entrase en la cocina para abalanzarse sobre mí y clavarme el cuchillo en la espalda. De modo que, pese a que yo estaba sentado frente a la puerta de la cocina y a que nadie podría haber entrado en ella sin que yo lo hubiera visto y a que, excepto aquella puerta, la cocina carecía de otro acceso; pese a todos estos hechos, yo, sin embargo, estaba enteramente convencido de que el asesino acechaba tras la puerta cerrada.

De manera que yo me hallaba sugestionado y no me atrevía a entrar en la cocina. Esto me preocupaba, pues se acercaba la hora del almuerzo y sería imprescindible que yo entrase en la cocina.

Entonces sonó el timbre.

—¡Entre! —grité sin levantarme—. Está sin llave.

Entró el portero del edificio, con dos o tres cartas.

—Se me durmió la pierna —dije—. ¿No podría ir a la cocina y traerme un vaso de agua?

El portero dijo «Cómo no», abrió la puerta de la cocina y entró. Oí un grito de dolor y el ruido de un cuerpo que, al caer, arrastraba tras sí platos o botellas. Entonces salté de mi silla y corrí a la cocina. El portero, con medio cuerpo sobre la mesa y un enorme puñal clavado en la espalda, yacía muerto. Ahora, ya tranquilizado, pude comprobar que, desde luego, en la cocina no había ningún asesino.

Se trataba, como es lógico, de un caso de mera sugestión."

Mera sugestión. Fernando Sorrentino

El apellido

El apellido

Si a mi pregunta de si conoce el pueblo cuyo nombre coincide con su primer apellido, un conocido me responde afirmativamente, es más, me cuenta que su padre antes de morir le contó que su padre (el abuelo del primero) era dueño y señor de las fértiles tierras que hoy albergan este pueblo semi-abandonado, pero que murió prematuramente cuando su primogénito (el padre de mi conocido) apenas contaba 12 velas, y, aprovechando la fractura familiar, la Iglesia se apropió de las tierras para engrandecimiento de sus arcas, yo no puedo evitar lanzarme a lo Indiana Jones virtual, a la búsqueda de datos que ayuden a mi conocido a aclarar las dudas sobre su historia familiar, y encuentro un catedrático de Derecho por la Universidad de Chile que escribió un libro sobre un aristócrata que gobernó la susodicha villa un siglo antes del supuesto abuelo gobernador, no puedo dejar de escribirle un correo electrónico con la esperanza de que sus conocimientos abarquen hasta las fechas que necesito para saciar mi eterna curiosidad.

A estas alturas de la investigación me siento un verdadero romántico.

Serme diferente

Serme diferente

Te amo, te amo, te amo, te amo...
Te odio, te odio, te odio, te odio...
Te amo, te amo, te amo, te amo...
Te odio, te odio, te odio, te odio...

Me eres muy, muy, muy, muy diferente.

(dedicado a Mararía).

Me imagino

Me imagino

Me imagino desde fuera, observando de soslayo mi cara que imagina que me observo desde fuera.

Cuando estoy esperando en la estación a que llegue mi tren, el tiempo parece una estática eternidad. Me imagino que me observo en ese momento, como si yo fuera la mujer rubia teñida que está a unos metros. Me imagino que soy Penélope con bolso de piel marrón, con los ojos perdidos en otro paisaje, esperando por siempre a alguien que nunca vendrá. O me imagino que los trenes pasan de largo uno tras otro y sigo sentado en el banco de madera siempre dudando si subirme a uno que me lleve a una nueva vida y abandonar la ciudad que me quiso dar infructuosamente una identidad.

Me imagino desde fuera, observando de soslayo mi cara que imagina que me observo desde fuera.

Pero solo es una suposición. No sé a ciencia cierta lo que imagino, porque me observo desde fuera. Solo son imaginaciones mías.

Retahílas

Retahílas

Nuevo paseo de fin de semana por estas selectas gentes:

* En materia de relaciones, siempre nos autoengañamos.

* Qué moralistas nos ponemos a veces los bitacoreros. De cualquier manera, siempre hay que tener una mínima moralia.

* Me hubiera gustado ser yo quien imaginara esta historia.

* Espero que no sea la herencia semita de inferioridad, la que me haga tenerles mucha manía. En fin, entonemos otras melodías.

* Lo sé, lo sé. Siempre lo intento.

* Cuánto hace que no sueño (ni con serpientes). Háblame de Casiopea, Silvio. (Cortesía de Grama).

* Pixel y Dixel nos recomiendan un alternativo buscador: Kartoo.

* Reflexiones escritas con hambre.

* Nada especial, encontré mi destino en Manengumba.

Ciclo eterno

Ciclo eterno

Para insuflar plenitud a la vida, tengo que llenar todos los huecos de mi tiempo con actividades que me realicen como ser humano. Al llevarlo al extremo, dicha inquietud se convierte con facilidad en obsesión; nace un temor penumbroso a los espacios vacíos del tiempo. Y ese vértigo me impide pensar con claridad. Y si no pienso, no elijo con inteligencia las actividades con las que lleno mi tiempo. Entonces me calmo levemente, me relajo, intento ordenar mis ideas... Y con tanto sosiego acabo de reunión con las musarañas, viendo juntitos Gran Hermano. Y al terminar me siento culpable por no haber llenado mi tiempo.

Diabólico círculo vicioso.

El enemigo silencioso

El enemigo silencioso

A las 7:00, arriba.

Cuando rompí el primer cigarro que me iba a echar a la boca, no crujió como el de la chica de la campaña televisiva anti-tabaco. Por eso, el segundo cigarro que saqué de la cajetilla amenazante (no te mates, no les mates, impotente, infértil, podrido...), ya no me daba tanto miedo.

P.D: Prometo dejar de fumar en breve (otra vez)... En serio... Que siiiii... Que no lo digo por decir...

Comentarios paradójicos

Comentarios paradójicos

"No aguanto a la Pili. Ni a la tonta de su amiga, la que tiene el pelo como el estropajo. Todo su grupo de amigas no me han caido bien nunca. Son todas unas criticonas. No las soporto."

(Otra vez: como la vida misma).

El puente

El puente

Don Quijote de la Mancha, capítulo 51 de la parte segunda.

“Señor: un caudaloso río dividía dos términos de un mismo señorío --y esté vuestra merced atento, porque el caso es de importancia y algo dificultoso--. Digo, pues, que sobre este río estaba un puente, y al cabo de el una horca y una como casa de audiencia, en la cual de ordinario había cuatro jueces que juzgaban la ley que puso el dueño del río, del puente y del señorío, que era en esta forma: «Si alguno pasare por este puente de una »parte a otra, ha de jurar primero adónde y a »qué va; y si jurare verdad, déjenle pasar, y »si dijere mentira, muera por ello ahorcado en »la horca que allí se muestra, sin remisión »alguna.» Sabida esta ley y la rigurosa condición de ella, pasaban muchos, y luego en lo que juraban se echaba de ver que decían verdad, y los jueces lo[s] dejaban pasar libremente. Sucedió, pues, que tomando juramento a un hombre, juró y dijo que para el juramento que hacía, que iba a morir en aquella horca que allí estaba, y no a otra cosa. Repararon los jueces en el juramento y dijeron: «Si a este hombre le dejamos pasar libremente, »mintió en su juramento, y conforme a »la ley debe morir; y si le ahorcamos, el juró »que iba a morir en aquella horca, y, habiendo
»jurado verdad, por la misma ley debe ser »libre.» Pídese a vuestra merced, señor gobernador, qué harán los jueces de tal hombre; que aun hasta ahora están dudosos y suspensos, y, habiendo tenido noticia del agudo y elevado entendimiento de vuestra merced, me enviaron a mí, a que suplicase a vuestra merced de su parte diese su parecer en tan intricado y dudoso caso.”

Un pasado paranormal

Un pasado paranormal

Cuando tenía 13 o 14 años, me aficioné a materias poco usuales.

Recuerdo por ejemplo un libro que enseñaba a desarrollar aptitudes para ejercer la hipnosis (creo que lo dejé cuando vi que no me salía el ejercicio de concentrarse en la nuca de la persona sentada delante tuyo en el autobús, visualizando que le picaba hasta que al final se rascara). También, de un libro de artes adivinatorios, adapté un método simplificado de la geomancia usada por los vudús africanos para predecir el destino de una persona, que me valió para quedarme con mis amigos de la playa.

Otro día quise probar mi poder mental intentando sacar una carta de entre toda la baraja. "Imanté" el as de oros con la mente, y después de barajar a conciencia y volver bocabajo todos los naipes por el suelo, adiviné donde se encontraba la carta imantada. A la primera. Menudo shock. Probabilidad: 1/40. Invariablemente, todos los demás intentos resultaron fallidos. Y desistí de mi don.

Incluso encuentro en los límites de la memoria, cuando era muy pequeño, la sensación de percibir mi mente como un dios todopoderoso. Tengo recuerdos de verme levitando levemente, unos centímetros sobre el suelo.

Y no puedo dejar de comentar esa jornada de espiritismo que hicimos en un noveno piso sofocante. Una velada que me impresionó para toda la vida. Pero esa es otra historia que dejaré para otro día, pues quizá merezca todo un artículo.

Pero lo que verdaderamente quería aprender era lo del desdoblamiento o viaje astral. Lo intenté muchas noches, en la frontera del sueño, pero nunca lo conseguí.

En esa época era muy introvertido y casi no salía de casa. A veces, por las noches, me asomaba a la ventana de aquel tercer piso e imaginaba como mi consciencia salía de mi cuerpo y se introducía invisible por las ventanas de otros hogares. Pura morbosidad. Siempre he dudado si esas esotéricas ingenierías eran producto de mi necesidad de salir del encierro social que sufría o por la excitación que me producía visualizarme en la ventana del dormitorio de la vecina del primero, mientras se desnudaba para entrar en la ducha. Confieso que todas mis fantasías paranormales se veían abocadas finalmente hacia un uso eminentemente sexual.

Alternativas de inversión

Alternativas de inversión

(Transcripción de conversación ajena).

- Tengo un problema. Mi novia trabaja (cobrando bien) y yo aún estoy estudiando. Por su carácter previsor, está dudando entre abrirse un plan de pensiones o una cuenta vivienda, para no pagar mucho a Hacienda el año que viene. Cómo somos todavía muy jóvenes, ella cree que es mejor que ambos metamos dinero en una cuenta vivienda. No, no es que me asuste el compromiso. Ni que me joda que ella ya esté ganando su dinero y a mi me mantengan mis padres. El problema es que mientras ella duda entre invertir sus ahorros en un plan de pensiones o en una cuenta vivienda, yo solo dudo entre invertir mi ajustado presupuesto en cerveza o calimotxo.

(Como la vida misma).

Díganme cosas bonitas, señoritas

"Ayer me dijo el vendedor, mientras envolvía mi compra para regalo, refiriéndose a las etiquetitas que se pegan en el paquete:
—Sólo tengo 'Felicidades'
Con lo cual no pude evitar pensar:
—Qué suerte la tuya."

Dos Dedos

"Siempre he preferido los personajes ficticios a los actores que los representan, las poesías a los poetas que las escribieron, las canciones a los músicos, los cuadros a los pintores, las novelas a los novelistas. Los libros siempre me acompañan en mis vacaciones y fuera de ellas. Pero, por encima de todo, me gusta todavía más vivir las historias que leerlas, y admirar una puesta de sol que contemplarla en un lienzo de tela."

Sin límites

Influencias e individualidad

Influencias e individualidad

Ella me dijo que era diferente al resto. Por mi forma de hablar, de pensar, de escribir...Sentí una dosis de electricidad ramificándose por venas y arterias.

Me subí al trono altivo de los egocéntricos y quise dominar a todos los habitantes de mi poder: mis palabras. Por las escribía en un cuaderno, las mejores frases que había pronunciado durante el día. Las conversaciones con amigos en cafeterías, las recogía en una grabadora oculta en el bolsillo interior de mi chaqueta. Pasé a ordenador todos los cuentos, canciones y proyectos de diarios prematuramente muertos, que había guardado en polvorientas carpetas desde mi infancia. Dejé de leer y escuchar a otros por temor a contaminarme de palabras ajenas.

Luego pensé. Sumando el destino inamovible, la herencia genética, la cultura de empresa, la influencia del entorno social, las frases hechas y las muletillas, la rutina automatizadora... no sé si soy yo quien realmente está escribiendo ahora o si mis dedos piensan también por si mismos. O las mismas teclas, vete a saber.

Mi autobiografía

Mi autobiografía

Con 25 años consideré que mi vida era había resultado muy interesante hasta ahora y mi mente empezaba a no poder abarcarla con la suficiente seguridad, por lo que decidí empezar a escribir mi autobiografía.

Me explayé en la descripción del contexto histórico que me produjo. Recogí los miedos y las fantasías de la infancia. También las inquietudes y los desenfrenos de la adolescencia. Tan fácil y agradable me resultaba escribir mi historia... Era como si alguien me fuera dictando al oído un frenético cuento que nunca había sido contado entero. Solo breves versiones.

Tanto me obsesionó el proyecto que a la altura de comenzar a describir los primeros amores, dejé mi trabajo y mi vida social para dedicarme por entero a mi obra. Escribía a todas horas y casi no dormía ni comía.

Cierto día tuve un temor: empezaba a acercarse la historia al presente actual y por lo tanto debía terminar de escribir. Esa idea me produjo tal ansiedad que empecé a extenderme más en los detalles de los momentos vividos para retrasar el fatídico final. Pero llegó el momento. El pasado alcanzó al presente. Mi reacción fue relatar minuciosamente lo que me acontecía cada día, como un agónico diario. Pero como no salía prácticamente de mi cuarto para no interrumpir la neurótica escritura, no había nada interesante que contar. Todo eran nimiedades y desvaríos mentales varios.

No sabría decir cómo ni por qué, pero un día mi texto aceleró nuevamente su ritmo, traspasando el umbral del presente y sumergiéndose vigorosamente en mi futuro. Me sentía igual que cuando escribía sobre mi pasado. Los hechos y sentimientos venían a mi mente como si fueran recuerdos. Y así continué hasta llegar al momento de mi muerte a los 37 años, en accidente de tráfico, durante un viaje a Soria. Paré de escribir.

Rehice mi vida con mucho esfuerzo. Y nunca volví a leer lo que había escrito en esa etapa de mi vida. Intenté borrarla de mi cabeza, y casi lo conseguí. Casi.

Mañana salgo a visitar a un cliente, cuya empresa está cerca de Soria. Y mañana también será el día de mi cumpleaños. Cumpló 37.

No me encuentro nada bien.

Probabilidades

Probabilidades

Hace unas semanas, leyendo "El hombre duplicado" de José Saramago, una de sus reflexiones me dio que pensar:

"La vida real siempre nos parece más parca en coincidencias que las novelas y las ficciones, salvo si admitimos que el principio de la coincidencia es el verdadero y único regidor del mundo, y en este caso tanto debe valer para lo que se vive como para lo que se escribe, y viceversa".
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Hay una probabilidad del 0.00001% de que el óvulo y el espermatozoide de los que procedo formasen feliz unión. Un 93% de que dicho zigoto llegara a convertirse en su ser de -itantos años, en este pais desarrollado. Un 85% de que saliera vivo de esta depresión catatónica. Un 0.08% de que el incomible pincho de tortilla se quedara atascado en mi garganta esta mañana. Un 0.10% de que el maquinista borracho volcara el tren de vuelta por la curva que roza el precipicio. Un 11% de que mi mente calenturienta se convenciera de que el tipo del fondo del vagón era un psicópata que cogería a la interventora de rehén y yo en un cívico forcejeo caería desmayado por la bala que me regalaría. Un 6% de que no superara los obstáculos emocionales hasta llegar a mi ordenador. Un 3.27% de que la máquina no funcionara por la inconstancia del fluido eléctrico.

Finalmente, os puedo decir que nuestro encuentro en las redes es una feliz coincidencia. Que escriba esto y que tu me estés leyendo, resulta harto improbable.