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La Diferencia

Estacional

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Ayer tenía tiempo libre, y cuando presentí que se aproximaba el atardecer, empecé a correr hacia el oeste. El refulgor de colores que había visto otras veces que se formaba en el horizonte, me seducía sobremanera. Quería capturar al sol cuando estuviera a ras de suelo, allá en el límite, donde la tierra se une con el cielo. Pero a pesar de mi galope veloz, el astro se me escapaba, me costaba seguirle el paso por entre la selva de asfalto. Cuando no había ni salido de la ciudad, el sol ya había desaparecido. Quizá si hubiera estado preparado en Finisterre o quizá si hubiera cogido un transatlántico. Algún día... Cuando sea mayor y los días sean más lentos...

Y es que aún es invierno. El día se va muy pronto y la noche es gélida y autoritaria. Cuando el tren vaya aproximándose a la Estación Primavera, habrá un indicio que me lo hará saber. Si la somnolencia me cierra los ojos, el sol de la tarde les dará calor y a través de mis párpados veré un telón naranja recorrido por ínfimas y veloces varas de oscuridad. Entonces entreabriré los ojos llorosos para dedicarle una sonrisa de bienvenida a la Primavera.
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